Los medios ya tienen el recurso clave. Todavía no la monetizan

Durante años, los medios de comunicación han sido juzgados por lo que sabían difundir: por la cobertura, por la repetición, por el inventario, por la atención. Lo digital no rompió esta lógica; la industrializó. Luego la CTV, la automatización y los datos lo optimizaron aún más. Pero a medida que la publicidad se vuelve más focalizada, mesurada y manejable, surge otra pregunta: ¿qué pasaría si la próxima ventaja competitiva de los medios de comunicación ya no radicara solo en su inventario, sino en sus comunidades? Porque los medios de comunicación hoy tienen activos que muchos otros actores envidian: usuarios localizados, datos first-party, entornos editoriales controlados y, sobre todo, una relación directa con sus audiencias. Tal vez la verdadera pregunta ya no sea si tienen estos activos. Se trata de saber si saben monetizarlos en su justo valor.

Stéphane LE BRETON

4/12/20268 min leer

Los medios de comunicación siguen evolucionando en una lógica de difusión, cuando el mercado ya ha comenzado a cambiar

El mercado ha aprendido a difundir mejor. Todavía no ha aprendido a convencer mejor...

Históricamente, la publicidad se ha construido en torno a una lógica simple: difundir un mensaje al mayor número posible de personas. La televisión ha industrializado esta promesa de poder. La tecnología digital la amplificó aún más, añadiendo nuevas capacidades de focalización, distribución y medición.

Históricamente, la publicidad se ha construido en torno a una lógica simple: difundir un mensaje al mayor número posible de personas. La televisión ha industrializado esta promesa de poder. La tecnología digital la amplificó aún más, añadiendo nuevas capacidades de focalización, distribución y medición.

Sin embargo, mientras la industria continúa optimizando la forma en que expone los mensajes, se está produciendo otra transformación por parte de los consumidores. Estos ya no se limitan a ser expuestos a publicidad. Lo están comprobando, comparando, buscando experiencias reales, buscando señales de credibilidad. En otras palabras, la atención por sí sola ya no es suficiente. La evidencia se vuelve central.

Así lo demuestran los recientes desarrollos del mercado: la explosión del CGU, el auge de los testimonios de clientes, el creciente papel de los creadores y la creciente importancia de la prueba social en los procesos de toma de decisiones. Pero esta evolución también revela una nueva tensión.

A medida que la evidencia se generaliza, pierde parte de su valor. Los consumidores están expuestos hoy a miles de opiniones, a contenidos patrocinados, a testimonios a veces sesgados, a recomendaciones amplificadas por los algoritmos. El resultado: la evidencia está en todas partes, pero la confianza ya no sigue. Surge entonces una nueva pregunta, mucho más estructurante de lo que parece: ¿qué distingue una prueba de marketing de una prueba creíble?

Es precisamente en este desfase donde los medios de comunicación tienen un activo infravalorado. Porque si la próxima batalla publicitaria no es sólo por la exposición, sino por la calidad de la relación y la credibilidad, entonces el valor de los medios de comunicación puede no depender solamente de su capacidad de transmisión, sino de su capacidad de activar audiencias identificadas en un marco de confianza.

Los medios de comunicación ya tienen un activo estratégico: sus comunidades first-party

Si la lógica de difusión muestra hoy sus límites, no es solo por la saturación de los mensajes. También es porque otro activo, más discreto, ha emergido en los últimos años en el centro de las estrategias mediáticas: la relación directa con la audiencia.

Durante la década pasada, la mayoría de los grupos de medios de comunicación de todo el mundo han experimentado una profunda transformación de su modelo. Detrás de las iniciativas de login, paywalls, plataformas propietarias o entornos conectados, se perfila un objetivo común: recuperar el control de la relación de usuario.

Este movimiento no es anecdótico. Responde a un cambio estructural en el mercado publicitario. Con la desaparición progresiva de las cookies de terceros y las restricciones crecientes vinculadas a la privacy, la first-party data se ha convertido en un activo central. Pero más que el dato en sí, lo que toma valor es la capacidad de mantener un vínculo directo, identificado y recurrente con el usuario.

En este contexto, los medios de comunicación no están atrasados. Incluso, en algunos casos, van un paso por delante. Ya disponen de:

  • de usuarios alojados,

  • datos de comportamiento propietarios,

  • entornos editoriales controlados,

  • y sobre todo una relación regular con sus audiencias.

En otras palabras, han construido los cimientos de lo que otras industrias ya han comenzado a monetizar.

El desarrollo del retail media es una ilustración particularmente esclarecedora. En pocos años, los actores del comercio han transformado su relación transaccional con sus clientes en un verdadero activo publicitario. Según McKinsey, estas redes de medios están creciendo más del 20% anual, impulsadas por su capacidad para combinar data first-party, contexto de uso y proximidad con el acto de compra.

Este éxito no está relacionado solo con el rendimiento. Se basa en una mecánica más profunda: la capacidad de activar una audiencia en un marco en el que la relación ya está establecida.

El mismo fenómeno se observa en la influencia. Durante mucho tiempo percibida como una palanca de amplificación, se ha estructurado progresivamente en torno a otro activo: la relación entre un creador y su comunidad. Lo que crea valor ya no es solo el alcance de un creador, sino el nivel de confianza, compromiso y autenticidad percibido por su audiencia.

Es precisamente esta combinación —relación + contexto + credibilidad— lo que buscan hoy las marcas. Y aquí es donde los medios de comunicación ocupan una posición única.

A diferencia de las plataformas, operan en entornos editoriales. A diferencia de los creadores, tienen una escala y una estructura. A diferencia de los operadores minoristas, no están limitados a un momento transaccional. Potencialmente están en la encrucijada de los tres.

Sin embargo, esta posición sigue estando en gran medida infrautilizada.

Porque en la mayoría de los casos, esta relación first-party todavía se utiliza como una palanca de optimización —mejorar la orientación, afinar la segmentación, aumentar el valor del inventario— en lugar de como un activo de monetización por derecho propio.

Esta es la paradoja: los medios de comunicación ya han construido lo que el mercado valora más, una relación directa con sus audiencias, pero a menudo siguen traduciéndolo a las lógicas del pasado.

Ahora bien, si se acepta que la publicidad entre en una fase en la que la credibilidad se vuelve tan importante como la visibilidad, entonces esta relación cambia de naturaleza.

Ya no se convierte solo en una herramienta de direccionamiento, sino que se convierte en una palanca potencial de confianza, de compromiso y, en el futuro, de prueba.

La cuestión ya no es saber si los medios de comunicación disponen de un activo relacional, sino saber por qué este activo sigue siendo mayoritariamente monetizado como difusión.

La próxima frontera: monetizar la relación, no sólo la difusión

Si los medios de comunicación ya han construido ambientes logarítmicos, bases first-party y audiencias comprometidas, entonces una pregunta se vuelve inevitable: ¿por qué este activo sigue siendo mayoritariamente monetizado como difusión?

Hoy en día, incluso cuando un usuario es identificado, comprometido y registrado en un entorno editorial de calidad, el valor que se extrae de él a menudo se reduce a lógicas conocidas: CPM, reach, frecuencia, orientación, optimización. Es decir, se aplican a un activo relacional modelos de valoración diseñados para un activo de difusión.

Este desfase es cada vez más visible.

Por un lado, las marcas buscan palancas capaces de reforzar la credibilidad de sus mensajes. Invierten masivamente en influencia, testimonios de clientes, contenidos UGC, dispositivos de recomendación. Mueven parte de sus presupuestos a entornos donde la evidencia percibida ya está integrada.

Por otro lado, la gran mayoría de los medios de comunicación siguen vendiendo visibilidad optimizada. No es un error. Es una inercia.

Históricamente, el valor de los medios se ha basado en la capacidad de exponer un mensaje a gran escala. Y toda la industria, desde los modelos de negocio hasta las herramientas de medición, sigue estando organizada en gran medida en torno a esta lógica.

Pero a medida que la confianza se convierte en un factor diferenciador, este enfoque muestra sus limitaciones.

  • Una exposición ya no garantiza la membresía.

  • La repetición ya no garantiza la credibilidad.

  • La optimización no aumenta necesariamente la confianza.

Este cambio ya no es solo teórico.

Ha estado en el centro de los recientes debates de la industria, como la edición francesa de "The Future of TV Advertising", organizada por The Media Leader en París, a la que acudimos con BuyTryShare y Televaluadores. El programa mismo daba una lectura clara, poniendo en el centro del día la CTV, la activación de las audiencias entre lineal y digital, la medición cross-media, la creator economy, la autenticidad de los contenidos y la transformación de los modelos de televisión.

A través de los diferentes keynotes, paneles y estudios presentados, surgió claramente un punto en común: el desempeño ya no se juega solo con la capacidad de transmitir, sino cada vez más con la capacidad de comprometer, dar credibilidad y activar a las audiencias. Y así dar sentido y credibilidad a esta difusión.

Se habla de streaming como motor de descubrimiento y fandom, de autenticidad como nuevo estándar —especialmente para la Gen Z—, de convergencia entre creadores, plataformas y medios, pero también de transformación de los modelos de televisión hacia lógicas más relacionales y más data-driven.

En otras palabras, todo el ecosistema ya está explorando una evolución importante: pasar de una lógica de exposición a una lógica de activación.

En este contexto, la relación con la audiencia cambia de naturaleza. Ya no es solo una palanca de direccionamiento, sino que se convierte en una palanca potencial de transformación. Esto es precisamente lo que otros actores ya han comprendido:

  • El retail media no solo monetiza impresiones: monetiza una relación transaccional, contextualizada, cercana al acto de compra.

  • La influencia no se basa únicamente en el alcance: se basa en la relación entre un creador y su comunidad.

  • Las plataformas, por último, no solo venden audiencia: también venden entornos de compromiso.

En cada uno de estos casos, el valor no viene solo del volumen, sino de la calidad del enlace. Aquí es donde los medios de comunicación tienen una palanca aún infrautilizada, ya que son potencialmente capaces de hacer algo más raro: activar una audiencia en un entorno editorial creíble, con una relación construida en el tiempo, y en un marco donde se pueda movilizar la confianza.

En otras palabras, ya no solo podrían vender visibilidad, sino que podrían comenzar a monetizar la relación en sí.

Este cambio es aún emergente. No está completamente estructurado, estandarizado ni medido. Pero ya aparece en un punto bajo en la evolución del mercado: aumento de los formatos que integran la prueba, búsqueda de autenticidad, hibridación entre contenido, recomendación y publicidad.

Probablemente ahí es donde está la siguiente frontera: no en una nueva optimización del inventario, sino en una nueva forma de crear valor a partir de lo que los medios ya han construido.

En un entorno saturado de mensajes, la capacidad de llegar a un público seguirá siendo importante, pero la capacidad de activar ese público en un entorno de confianza puede llegar a ser decisiva.

En un entorno saturado de mensajes, la capacidad de llegar a un público seguirá siendo importante, pero la capacidad de activar ese público en un entorno de confianza puede llegar a ser decisiva.

Conclusión: una tendencia hacia la convergencia potencia/confianza

Lo que vemos hoy no es una simple evolución de formatos o canales. Es una transformación más profunda.

Durante décadas, el valor de los medios de comunicación se ha basado en su capacidad para captar y distribuir la atención. La televisión la ha industrializado. La tecnología digital la amplificó. Los datos la han optimizado. Pero en un ambiente saturado, esta lógica está llegando a su límite.

Porque cuando todo capta la atención, la atención pierde valor. Lo raro ya no es la exposición, sino la credibilidad.

En este contexto, las marcas ya están trasladando sus inversiones a entornos donde se integra la evidencia percibida: creadores, comunidades, contenidos encarnados. Ya no solo buscan ser vistas. Buscan ser crudas.

Y ahí es precisamente donde se juega el siguiente paso. Los medios tienen un activo único:

👉 una relación directa con sus audiencias,

👉 construida en el tiempo,

👉 en entornos editoriales creíbles.

Pero mientras esta relación siga siendo explotada como una simple palanca de difusión, gran parte de su valor permanece sin explotar. Tal vez el verdadero desafío ya no sea optimizar la distribución, sino transformar esta relación en una palanca de confianza activable.

En otras palabras: pasar de un modelo centrado en la atención a un modelo capaz de integrar la evidencia.

Porque mañana, la pregunta ya no será solo "¿cuántas personas han visto este mensaje?" sino "¿por qué se ha creído este mensaje?"

Y en esta oscilación, aparece un nuevo espacio estratégico. Un espacio todavía en gran medida sin explotar, un espacio donde el valor ya no viene solo de la visibilidad, sino de la capacidad de reducir la incertidumbre.

Un espacio donde la publicidad ya no solo promete, sino que empieza a demostrar.